Italia – EEUU, dos vías para afrontar la inmigración masiva

El gobierno italiano ha aprobado la ley que establece la inmigración como delito penado con prisión. A partir de ahora, los inmigrantes ilegales podrán ser expulsados o condenados a penas de hasta cuatro años; las autoridades italianas podrán confiscar pisos alquilados a los inmigrantes que sean pillados sin la documentación en regla. Además, a aquellos inmigrantes que quieran acogerse a la figura del reagrupamiento familiar se exigirán pruebas de ADN que verifiquen el parentesco. También se agravan las penas a los ilegales que cometan delitos. Las autoridades podrán comprobar, así mismo, los ingresos de los extranjeros que quieran residir en Italia. El 8 de agosto se produjeron las primeras detenciones de inmigrantes ilegales. Medidas excepcionalmente racionales que se hacían esperar…


Todas estas medidas forman parte de un paquete aprobado por el gobierno el pasado 2 de julio, entre las que figura la autorización y regulación de patrullas ciudadanas para prevenir delitos y colaborar con la policía. Estos grupos de vigilancia ciudadanos no puedan estar formados por más de tres personas, que no podrán ir armados, ni llevar perros con correa. Asimismo, el voluntario que desee patrullar las calles de Italia no podrá tener antecedentes penales, deberá declarar no consumir ni alcohol, ni drogas, ni pertenecer a ningún partido político, y tendrá que aportar un certificado psicológico de la seguridad social.

La izquierda mundial ha tronado contra estas medidas exigidas por la opinión pública italiana que, por lo demás, tiene todavía unas tasas de delincuencia inferiores a las de nuestro país. El gobierno italiano ha demostrado tener las ideas muy claras en materia de inmigración ilegal y masiva y actúa en consecuencia. Del éxito de estas medidas va a depender que se extiendan a toda la Unión Europea. El problema es que llegan tarde, cuando el cáncer de la inmigración ya está muy incrustado en Italia y, no digamos, en la Unión Europea.

La otra cara de la moneda es la política migratoria de la administración Obama, en estos momentos en fase de revisión. Es la política que gusta a Zapatero y a los “socialistas cósmicos” españoles. En materia de inmigración hay que reconocer que Obama transcurre por la senda marca por Zapatero: “cuantos más, mejor…”, para llegar a la utopía multiculturalista y al mestizaje universal del que ha hablado en más de una ocasión el iluminado leonés.

Obama reconoció él mismo que impulsar el proyecto de una nueva ley migratoria podría acarrearle consecuencias políticas a largo plazo, sin embargo apuntó que piensa en sacar adelante la reforma que pueda evitar el paso migratorio ilegal. “Tenemos un sistema de migración roto, nadie lo niega, si sigue así, seguiremos teniendo las tensiones con nuestros vecinos mexicanos”, indicó, añadiendo acto seguido que: “Queremos una ley para que aquellos que cruzaron la frontera no tenga que vivir en la sombra”, dijo Obama… lo que traducido quiere decir, legalización más fácil y, por tanto, más inmigración…

No hay más modelos: o el italiano o el obamaniano… Todos los países, todos los partidos y todos los que quieran actuar en política, tendrán que optar por uno o por otro y no va a haber término medio: a se combate sin fisuras contra la inmigración ilegal y masiva o “regulan los flujos”, eufemismo para indicar “que pasen todos los que quieran”.

Vale la pena, pues, seguir de cerca la evolución de la política de inmigración de estos dos países porque en ellas se contiene nuestro destino: o la inversión del fenómeno o su profundización. Ni que decir tiene que Zapatero está por la “vía Obama”. ¿Y el PP? El PP no sabe, no contesta. Y en algunos casos, incluso mendiga el voto inmigrante. ¿Habrá que recordar que Aznar fue quien entreabrió las puertas a la inmigración? Con demasiada frecuencia el “patriotismo constitucional” encubre los peores intereses y las irresponsabilidades más palmarias.

Ernest Milà

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