Los musulmanes y la Democracia

Todos hemos podido leer estos días en la prensa –cierto que en páginas interiores y recuadros pequeños- que el gobierno marroquí ha expulsado en los dos últimos meses a unos 150 cristianos acusados de proselitismo, es decir, de intentar ganar adeptos para su religión, de intentar convertir a los moros. Los expulsados son protestantes en su mayoría, casi todos cooperantes humanitarios, pertenecientes a ONG’s, y con algún español entre ellos. Y todavía pueden dar gracias, porque en Arabia Saudita o Irán, por ejemplo, los habrían liquidado…

El ministro alauíta de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, ha declarado que se toma la medida “para impedir conflictos religiosos” y “porque el país desea proteger su unidad religiosa”.


Obviamente el gobierno español y su diplomacia ha guardado absoluto silencio, pero esto no es nada nuevo y tampoco lo es el tema que nos ocupa.

La reflexión que genera esta noticia es cómo reaccionan nuestro gobierno y nuestra sociedad cuando costumbres extrañas interfieren en el normal funcionamiento de nuestra sociedad. En las sociedades occidentales nadie –o casi nadie- discute la libertad de culto, y las líneas que separan religión de leyes y normas sociales están bien diferenciadas. En Europa nadie impide el proselitismo a los musulmanes, ni se lo plantea. El caso es que, en las mezquitas de Europa, el mensaje de los Imanes, suele ser tan agresivo, tan primitivo, tan retrógrado que va en contra de las mínimas normas de convivencia. Su religión va en contra de la igualdad y de los valores occidentales. Su mensaje es opuesto a la Democracia que tanto dicen defender nuestros políticos.

El CNI, policía y jueces conocen las actividades que se realizan en muchas mezquitas, se sabe quién forma y financia a dichos Imanes (o líderes religiosos) y, aunque los políticos miran para otro lado, las alarmas se disparan de vez en cuando. Ha quedado probados en los tribunales que en mezquitas españolas se han organizado células terroristas, que se han reclutado mujahidines para combatir en Afganistán e Irak, incluso a tipos dispuestos a hacerse estallar cargados de bombas. Pero estos son casos extremos.

Por la prensa conocemos los pensamiento y doctrinas de alguno de estos Imanes sobre cómo tratar a sus mujeres o incluso la manera más recomendable de pegarlas; se sabe que –los que pueden- practican la poligamia; que obligan a sus hijas a casarse con quien a ellos convenga; que, dependiendo de su procedencia, extirpan el clítoris a las niñas; se conocen intentos de aplicar la Sharia o ley islámica en nuestro país… Todas estas “costumbres” van en contra de nuestras leyes y, por lo tanto, las gentes que las infringen deberían acabar en la cárcel.

Y también hay casos en apariencia de menor gravedad. En diversos países europeos –y recientemente en Lérida-, se están poniendo en marcha leyes que prohíben el uso del burka o llevar tapado el rostro en los edificios públicos, para conducir o incluso en la calle; y en nuestros colegios salta de vez en cuando la polémica de niñas moras que se empeñan a llevar la cabeza cubierta en colegios que no lo permiten, que se niegan a hacer educación física –imagino que nadie duda que obligadas por sus padres- y chavales que se niegan a aceptar la autoridad de las profesoras.

Los musulmanes, cuando llegan a cierto número y se organizan, cuando pueden plantan cara a nuestra idiotizada sociedad para defender sus costumbres, son combativos. Y en España ya están en ello. Ya tienen hasta un partido político dispuesto a presentarse a todos los comicios.

A pesar de todo esto, los gobiernos varios y los ayuntamientos les ayudan facilitándoles terrenos para la construcción de nuevas mezquitas, económicamente a sus asociaciones o con fondos a la integración y, en los colegios, con menús especiales “sin cerdo” –mientras los niños celiacos (por poner un ejemplo) se llevan la comida de sus casas- y con clases de apoyo de árabe y religión.

Sería muy fácil pedir la reciprocidad de las leyes con las de sus países de origen, aunque todos sabemos que eso no es posible. Pero lo que si es posible, y es por lo que tenemos que luchar, es por promulgar leyes que fomenten la convivencia, y todo aquel que no las cumplan (como, por ejemplo, todos los casos expuestos más arriba) sea declarado “persona non grata” y devuelto a su país. Por el mismo motivo que decía el ministro marroquí: “para evitar conflictos”. Ellos lo hacen sin el más mínimo pudor, ¿por qué las democracias tienen que ser tan débiles con sus enemigos?

Esto debería cambiar. Y lo antes posible

2 comentarios :

  1. VAMOS A HACER MEMORIA:
    EL GENERAL PAVÍA, ENTRO EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS A CABALLO.
    TEJERO CON UNA PISTOLA,
    Y ZAPATERO CON LOS TRENES DE CERCANIAS.

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  2. excelente artículo sobre el Islam

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