Refutación a la tesis de la Alcalá de las tres culturas

En el reportaje sobre el Día Mundial del Turismo publicado en el número anterior de Puerta de Madrid, Dña Marta Viñuelas incide una vez más en la teoría histórica, asumida con fervor por el Ayuntamiento complutense hasta convertirla en una seña de identidad, que defiende que Alcalá de Henares fue en la Edad Media una sociedad en la que convivían beatíficamente cristianos, judíos y musulmanes. ¿En qué etapa de la Edad Media? Porque en unas hubo tolerancia, en otras enfrentamientos civiles, en algunas represión y persecución, y en todas segregación, pero nunca convivencia. La prueba más evidente de ello es que existían barrios segregados y, en contradicción con lo que se explica, se muestran a los visitantes claramente diferenciados sobre el callejero complutense.

Más curioso aún es lo manifestado en el suelto, unido temáticamente al reportaje principal, sobre el estado del monumento a uno de los encuentros de las tres religiones monoteístas celebrado en nuestra ciudad, pues se dice que ''... pero lo más importante no es lo que nuestros antepasados hicieran, sino lo que nosotros hacemos'', dando a entender que no importan el tratamiento que se dé a los acontecimientos pasados. Tal forma de actuar es inadmisible porque comportaría cometer dos graves inexactitudes. La primera es modificar alegremente el pasado. La segunda es hacer pensar a las nuevas generaciones, que lo que acontece en la actualidad es continuación lógica de esa historia reformada a gusto de cada cual para justificar sus acciones presentes, y que los descendientes de los que aquí alguna vez habitaron por un tiempo, tienen derechos adquiridos en igualdad con los españoles. El devenir histórico tiene un fluir dialéctico y encadenado donde se enfrentaron y se enfrentan las ideologías, las ideas y los intereses, por tanto es lícito defender como más acertada cualquiera de las posiciones contrapuestas del pasado, incluso estar disgustado y ser crítico con la evolución producida con los enfrentamientos pretéritos, pero nunca modificarla para que el resultado se acomode a los gustos del consumidor presente. Quien quiera reformar o sustituir la sociedad actual por otra cualquiera, hágalo a cuerpo limpio y explicando a dónde quiere llegar, para que, lógicamente, como ha sucedido a lo largo de la historia, otros que piensen de forma distinta se opongan en justa lid a las mutaciones. Otros muchos lucharemos contra los cambios perversos que primero establecen la conclusión y luego enuncian las premisas acomodándolas a aquella.

La Alcalá presente, la que recibió el galardón de la Unesco por sus méritos como ciudad universitaria, es heredera directa y deudora de la Alcalá renacentista, fruto del poder de la Iglesia Católica y de la posición dominante de España en el mundo, y culturalmente asentada en la romanización y en el cristianismo. A ese escenario se llegó debido a la unificación territorial y religiosa con el fin de la guerra contra la invasión musulmana y la expulsión de los judíos, que liberó recursos para otros proyectos. La aportación de judíos y musulmanes en ese trayecto medieval, que en España coincide en gran medida con la Reconquista, fue meramente instrumental, por tanto no perdurable, pues los objetivos a conseguir, la legislación y los ideales los impusieron los cristianos. Ni tan siquiera los conversos que se quedaron aportaron nada de su cultura, pues al aceptar la conversión se plegaron a la de los vencedores, asumiendo sus postulados religiosos y políticos, como fue el caso de los que participaron en la elaboración de la Biblia Políglota Complutense, a cuya confección aportaron sus conocimientos en lenguas, pero que hubieron de seguir las directrices, como no podía ser de otra forma, que imponía su impulsor, el Cardenal Cisneros, así como los principios y dogmas de la Iglesia Católica.

Es sorprendente que, después de muchos años de esfuerzos, en los que participaron complutenses de muy diversas creencias políticas, tras conseguir la recuperación de la ciudad reivindicando lo que la hizo grande en el siglo XVI, ahora haya algunos que añoran tiempos mucho más difíciles y oscuros, y , lo que es peor, pretenden cambiar la base social para conseguir lo que su ideología o sus intereses económicos les dictan.

Manuel Montes

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