El caso Odyssey y la desidia española

Es un sentir que a los patriotas españoles ya sólo nos queda disfrutar con nuestro pasado, con nuestra Historia. Nuestra gran Historia está reflejada en libros y en los restos arqueológicos que dejaron nuestros antepasados, muchos de estos restos están todavía ocultos bajo tierra y bajo el mar.

Como en el caso de Alcalá, se tiene constancia de dónde están muchos de estos restos pero nuestros políticos (universidades y gobiernos autonómicos) prefieren dedicar el dinero público a otras cosas a las que sacan más rédito político. Además de triste, el tema es contradictorio ya que las autoridades españolas y los amos de la Unión Europea parecen tener ya muy claro que nuestro país va a tener que mantenerse exclusivamente con el turismo, y el turismo cultural también existe (aunque menos…)


Pues mientras las autoridades mantienen tapados los restos arqueológicos, expoliadores profesionales (y aficionados, que de todo hay) aprovechan para llevarse trozos de nuestra Historia para su beneficio ante la indiferencia de nuestras fuerzas del orden (incluso después de las denuncias de ciudadanos indignados que intentan evitarlo, están muy ocupados recaudando poniendo multas).


Cualquier aficionado a la arqueología o persona informada conocerá decenas de casos hirientes, de abandono y de saqueos de nuestro patrimonio que quedan impunes. Uno de esos casos ha saltado recientemente a los telediarios (seguramente porque hablamos de diecisiete toneladas de monedas de oro y plata): el caso Odyssey.

Odyssey Marine Exploration es una empresa “cazatesoros” marítimos (bien por encargo o por iniciativa propia) con sede en Tampa (Florida, EE.UU.) que, debido a la desidia de nuestras autoridades, lleva años centrando sus búsquedas en las aguas del Estrecho, plagadas de barcos hundidos, muchos de ellos procedentes de las Indias con cargas todavía hoy rentables.

El caso saltó a la prensa en mayo de 2007 cuando la empresa americana anuncia el hallazgo de un buque con valioso botín (obviando el lugar de procedencia y nacionalidad) que descargan en la siempre dañina colonia de Gibraltar (entonces ya se filtró alguna foto de monedas con el rostro de Carlos IV). Y allí habría quedado todo si no fuese por la acción de varios españolitos de a pie que, a costa de su tiempo y dinero, llevaban tiempo denunciando las actividades de expolio de los americanos en nuestras aguas.

El primero Pipe Sarmiento, un abogado y escritor de buen vivir, que llevaba denunciando y acosando (con su velero y una cámara de video) al Odyssey desde 2001. Fue él primero que llamó la atención de la prensa para que se hiciese eco del tema. Ha declarado que ha pasado seis años de soledad terrible: “nadie nos hacía caso, íbamos muertos de miedo y la Guardia Civil sólo nos advertía de que no nos acercásemos demasiado al barco…”, y también que está seguro de haber tenido su teléfono intervenido.

La asociación ecologista malagueña NEREA también lleva denunciando las actividades del Odyssey en aguas españolas desde 2003, bajando máquinas a las profundidades a la vista de pesqueros y barcos que abundan en la zona. Su abogado ha formado parte de la acusación popular y ha aportado importantes datos en el juicio posterior, como la prueba de que el estado español ya había indemnizado a los herederos de los fallecidos e impedir así la maniobra de los abogados de Odyssey que pretendieron involucrarlos a cambio –como no- de una parte del botín. Hay que decir que tanto los descendientes del capitán de la Mercedes (el teniente de navío Pedro Afán de Rivera) como de la numerosa familia Alvear (que viajaba en el barco y fue diezmada) se han mostrado muy combativos contra los cazatesoros (que, para los tiempos que corren, ya es buena noticia).

El historiador Hugo O’Donell, por encargo de la Real Academia de Historia, con sus artículos de denuncia en prensa fue otro de los que incitó a actuar a los ministerios de Cultura, Exteriores y Defensa del maldito gobierno Zapatero cuando el expolio de un gran tesoro ya era de todo el mundo conocido. Posteriormente, y gracias a las dos culebrinas (cañones) rescatadas del pecio, identificó sin duda el pecio expoliado como el de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes.

El (muy recomendable) museo Naval de Madrid ha aportado numerosa documentación con la descripción de carga y tripulación y relatos de los supervivientes (desde el principio de los tiempos los españoles lo hemos dejado todo bien escrito). Fue la Armada española la que consiguió el total apoyo de la Navy norteamericana con el dato emotivo de que los pecios son “la tumba de nuestros héroes”.

Efectivamente, el Odyssey había encontrado los restos de La Mercedes, barco de la armada española, que formaba parte de una flotilla de cuatro fragatas procedente de Lima (con escala en Montevideo) que fue atacada por navíos ingleses (curiosamente a pesar de no estar en guerra con Gran Bretaña) el 5 de octubre de 1804 en las proximidades del cabo de Santa María (costa del Algarve portugués, a escasas millas de la costa de Huelva). La Mercedes resultó hundida con todo su cargamento, perdiendo la vida 249 marineros y pasajeros y quedando prisioneros 51 supervivientes. Las otras tres fragatas fueron capturadas con su carga.

Pues milagrosamente, y tras largos años de sentencias y recursos, un tribunal de La Florida (Estados Unidos) han sentenciado la devolución a España del tesoro (500.000 monedas de oro y plata, reales de a ocho y escudos acuñados en Perú en 1803, la época de Carlos IV) y es que, al quedar probado que se trataba de un “buque de estado”, su contenido pertenece indiscutiblemente al estado español. Algo se habrá quedado por el camino.

Esta historia ha tenido final feliz pero ¿cuántas parecidas habrán quedado impunes? ¿Cuántos pecios habrá expoliado el Odyssey y otros como él? ¿Tantos como yacimientos arqueológicos se saquean a diario en nuestra dolida España? Hace unos meses, la villa romana de Baños de Valdearados (Burgos), amaneció sin sus más importantes mosaicos, simplemente los habían arrancado y se los habían llevado; una banda rumana (posteriormente capturados y, a estas alturas, imagino que otra vez en la calle) asaltó con nocturnidad el monasterio de San Pedro de Cárdeña (también Burgos) y se llevaron objetos históricos de la época del Cid de oro y plata… La lista de expolios en la España rural sería interminable.

Preocupémonos por nuestro patrimonio y nuestra Historia. Nuestras autoridades nunca lo van a hacer.

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