El Sr. Rosell y la inmigración

El presidente de la patronal CEOE, D. Juan Rosell, hace pocos días, en declaraciones a la cadena radiofónica COPE, ha reconocido que la inmigración es un pesado lastre para la recuperación económica.

Sus palabras fueron: “Hace años, en España teníamos un paro del 8% y los empresarios intentábamos contratar trabajadores y prácticamente no teníamos oportunidades de contratar. Entonces abrimos las puertas al exterior y durante una serie de años entraba en España cada año alrededor de 500.000 o 600.000 no nativos. Eso fue un problema y hoy, visto en perspectiva, se ve claramente. Entre todos lo hicimos mal. Por tanto ahora va a ser difícil ese recuperación con más incremento del desempleo”. Añadiendo más adelante: “…la economía española no podía asumir ese flujo de inmigración.

Es un pequeño avance en la solución del problema que una de las partes responsables, junto a los políticos de la generación de la debacle, reconozca la equivocación, aunque lo hace mancomunando la culpa. “Todos lo hicimos mal”, sentenció muy ufano queriendo diluir su responsabilidad. El Sr. Rosell, como representante de los intereses del empresariado, debería admitir que ellos, los empresarios, lo hicieron mal, que su avaricia y su deseo de rebajar los salarios y abatir los derechos laborables de los trabajadores españoles, para crear su particular edén capitalista confabulados con los políticos, nos han hundido en el fango de la crisis, la recesión y la quiebra financiera. No es cierto que hubiese necesidad de mano de obra extranjera (el año que menos paro registrado hubo fue en 2.000 con 1.556.382 desempleados, incrementándose a partir de ese año según aumentaba la inmigración). La realidad es que se fomentó la llegada de inmigrantes porque los necesitaban para inflar la burbuja inmobiliaria, de la que se lucraron con la aquiescencia de las administraciones públicas que ingresaban grandes cantidades en impuestos que malgastaban a manos llenas. La alternativa era contratar españoles y pagar salarios dignos, pero no la contemplaron porque el lucro para ellos era menor, aunque el beneficio para la nación y, por tanto, para la mayoría de los españoles, que somos trabajadores mucho mayor. Admitir que se necesitaban inmigrantes es aceptar que la burbuja inmobiliaria, iniciada en los gobiernos del PP con el Sr. Aznar, y continuada con alegría en los gobiernos del PSOE con el Sr. Rodríguez Zapatero, era necesaria. Eso, como vemos, ya no lo admite ni el jefe de los empresarios.

Otra afirmación del Sr. Rosell es la tan manida de que los empresarios no encontraban mano de obra, deslizando implícitamente la insidia de que ese millón de desempleados no querían trabajar o lo hacían en la economía sumergida. Si realmente se lo cree deja en pésima situación a los responsables políticos, que habrían permitido un descomunal fraude. Lo cierto es que nunca pretendieron contratar a esos españoles y pagar las cotizaciones sociales correspondientes, porque se les presentó la opción más barata de la inmigración masiva, de la creación de un gran ejército de de reserva de mano de obra sin conciencia social, un lumpemproletariado apátrida alejado de la reivindicación social y nacional. Su única moral es la cuenta de resultados, su patria la bolsa, las personas una mercancía que manejan con la ley de la oferta y la demanda y tratan como una anotación en su contabilidad.

Mientras, los gerifaltes de los partidos dominantes en esta partitocracia siguen sin reconocer su responsabilidad y se mueven, como autómatas de mente anquilosada, por el diminuto territorio de lo políticamente correcto, el mismo que les enjaula e impide tomar decisiones radicales que nos saquen del atolladero. Tanto ellos como sus compinches empresariales hablan únicamente en términos económicos, olvidando la quiebra de la identidad de la sociedad española y la subversión que supone inyectar millones de extraños en el cuerpo social. Incluso se han inventado la quimera de un mundo globalizado, multicultural y mestizo para defender mejor sus intereses, un paraíso que sólo existe en las mentes de los que viven en urbanizaciones de lujo o en el centro de la ciudad, su contacto con la inmigración es la chacha y el jardinero que contratan con bajo salario y no pisan las calles del arrabal.

Están ciegos y no ven acercarse la ola social que les engullirá. Cuando eso ocurra, los que les han jaleado en sus decisiones antisociales asegurarán no conocerlos, sin embargo todos nos acordaremos de quiénes fueron los responsables de nuestra desgracia como sociedad y como pueblo, y de la que tanto tiempo y esfuerzos nos costará recuperarnos.

Manuel Montes Rodríguez

2 comentarios :

  1. Por fin reconocen su usura y avaricia la CEOE y como no su antipatriotismo por preferir mano de obra barata extrangera y no ESPAÑOLA...

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  2. El primero de los pasos es reconocer que se tiene un problema, algo es algo por lo menos

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