La izquierda y el Islam

No son de ahora los extraños comportamientos de la mayoría de la izquierda cuando se trata de hacer frente a las amenazas que la doctrina musulmana proyecta sobre nuestra cultura. Generalmente es condescendiente y encuentra todo tipo de disculpas para el proselitismo, fuertemente contrario a los valores europeos, que se desarrolla en las mezquitas. Su refinamiento ideológico que se acentúa cuando desempolvan las acusaciones de racismo y xenofobia si alguien osa alertar de los peligros del integrismo en templos y oratorios, pero utilizan toda su artillería verbal y demagógica cuando algún sacerdote católico se atreve a expresar alguna orientación moral dirigida a sus fieles. Si un obispo opina sin imponer o recomienda, revientan los cimientos de la civilización; si un imán aconseja castigar a las mujeres, les dicta la forma de vestir y pretende coartar la libertad de expresión de todos e instaurar el delito de blasfemia, debe ser admitido como muestra de una particularidad cultural y religiosa.

Esta disposición de la izquierda hacia los nuevos usos que traen los fieles musulmanes, y que nos afectan directamente, es de una imposible comprensión por su irracionalidad. Veamos algunas de esas paradigmáticas incongruencias:

1- El marxismo califica la religión como el opio del pueblo, dado que predica la sumisión y la aceptación de la propia condición como algo inevitable, aconseja resignación y la espera de la recompensa en el más allá, lo que favorece a los ricos y poderosos, pero parece que la interpretación actual afecta sólo al cristianismo, pues se olvida del Islam.

2- Los partidos de izquierda tienen a gala, según ellos, ser los máximos defensores de la mujer y de los homosexuales, pero su jurisdicción se detiene a la puerta de las mezquitas, aunque en las iglesias penetra hasta el sagrario.

3- Los ideólogos e intelectuales progresistas, como ellos mismos se califican, no se cansan de exponer la perniciosa influencia de la Iglesia Católica porque condicionó fatalmente la evolución de los pueblos, pero apartan de la vista la penosa situación de los países musulmanes y pretenden que aceptemos en nuestra nación a los que vienen a propagar teorías y usos opresores.

4- Hacen una separación total entre creencia, ideología política y sistema económico y social, cuando todo ello siempre va unido como sucede en todas las religiones, y hacen abstracción, mejor se ponen una venda en los ojos, sobre el modelo capitalista-plutocrático a ultranza, la pétrea división por clases y la estructura social retrógrada que imperan en todos los regímenes teocráticos musulmanes.

5- Esta permisividad va íntimamente unida a la alegría irresponsable con la que la izquierda acoge la inmigración ilegal masiva, haciéndose cómplice del capitalismo en su maniobra de inyectar en Europa millones de trabajadores esclavizados, verdaderos esquiroles, para hundir los salarios y destruir los beneficios sociales. En España es esto tan evidente como que el descontrol inmigratorio comenzó con los gobiernos del PP al tiempo que la burbuja inmobiliaria, y los empresarios se benefician de ello con la connivencia de los sindicatos, a los que jamás he visto oponerse.

Esta tendencia izquierdista se ha extendido por todo el mundo occidental, por tanto es internacionalista y globalizadora, y el iluso que ose refutarla será fulminado por el ''establishment'' social-marxista, bien asentado en sus elegantes despachos y sus casas de urbanizaciones exclusivas. A tenor con este nuevo dogma pudimos oir la última patochada, el pasado 20 de septiembre, al presidente francés, François Hollande, cuando inauguró el Departamento de Artes del Islam del Museo del Louvre, que dijo que la nueva colección que se exhibe recuerda ''la aportación esencial de las civilizaciones del Islam a la cultura francesa''. Su visita debió de ser rápida, porque no se percató de que ni una de las piezas que se pueden contemplar fue elaborada en Francia. La colección será magnífica muestra del arte islámico, pero no de la cultura francesa, salvo que este despistado socialista sólo haya apreciado las artísticas filigranas del papel moneda y de los cheques bancarios que, con profusa e interesada generosidad, fluyeron desde las cuentas corrientes de Mohamed VI de Marruecos, del emir Sabah al Ahmed al Sabah de Kuwait, del sultán Qabus bin Said de Omán y del príncipe saudí Alwaleed bin Talal, que han pagado religiosamente esta ampliación del museo parisino.

No es ajena la izquierda complutense a estos comportamientos, y por ello no ve ningún problema en la propagación de teorías islamistas en nuestra ciudad, y mucho menos está dispuesta a tomar ningún tipo de medida para evitar que la situación se agrave. Sigue en su discurso de aceptación de todo lo ajeno, aunque sus ideas sean abiertamente contrarias a nuestra cultura. Recapaciten sobre ello, porque nos va en ello nuestra identidad y nuestra libertad.

Manuel Montes Rodriguez

1 comentario :

  1. Si Sartre viviera y viera las contradicciones continuas de esta panda....

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