Alcalá tampoco quiso ser francesa

Como la Virgen del Pilar, Alcalá tampoco quiso ser francesa y vivió con intensidad los históricos acontecimientos del 2 de mayo de 1808 de Madrid. Apenas tres horas después del levantamiento de los vecinos de la capital contra el invasor, llegaron las primeras noticias de la sublevación a esta orilla del Henares. La primera autoridad municipal, el corregidor De Quadro, redactó una proclama pidiendo al pueblo que se levantara en armas contra las fuerzas napoleónicas. Pero la furia patriótica apenas duró un par de días; los que tardó el temible Murat en imponer el orden en Madrid y amenazar con el fusilamiento a todo aquel que participase en cualquier conato de insurrección. Aquel día de hace 200 años, al menos, Alcalá le plantó cara a Napoleón Bonaparte.

El estallido estaba cantado. Por un lado, Fernando VII viajaba a Bayona, llamado por Napoleón. Por otro, cerca de 30.000 soldados franceses estaban acantonados en Madrid y sus alrededores desde marzo en calidad de aliados para saltar sobre Portugal y completar así el bloqueo a los ingleses. Al mando de esta fuerza militar estaba Joachim Murat, uno de los más brillantes comandantes de Napoleón, del que además era cuñado. La sensación de entrega del país a los franceses crecía por horas y el 2 de mayo se encendió la mecha definitiva. Ese día estaba previsto que el resto de la familia real partiera a Francia siguiendo los pasos del rey; y hacia las 9 de la mañana, la muchedumbre arremolinada en los alrededores del Palacio Real vio como el infante Francisco de Paula era metido por la fuerza en uno de los carruajes. A la voz de “¡Que nos lo llevan!" el pueblo explotó y comenzó un enfrentamiento con los soldados que duró hasta mediodía y se cobró más de un millar de vidas. Aquel amotinamiento fue el comienzo de la Guerra de la Independencia; se fueron produciendo proclamas y levantamientos ‘contra el francés' en los municipios más próximos y, poco a poco, en todas las provincias del país.

Alcalá no era ajena al malestar que se respiraba en Madrid aquel lunes 2 de mayo. Tres horas después del primer choque entre los madrileños y las tropas de Murat cerca del Palacio Real, llegaron las primeras noticias aquí. Y el ayuntamiento fue el primero en reaccionar. En el Archivo Municipal alcalaíno se guarda la proclama del corregidor de la ciudad llamando a los pueblos de la comarca a la defensa de la patria. Literalmente, Agustín de Quadro Rodríguez, primera autoridad municipal por aquel entonces, solicitaba la movilización de todas “las personas útiles" para marchar “armados a Madrid". Varios mensajeros fueron enviados a los pueblos de la comarca para hacer entrega de este documento.

La proclama llegó a oídos del gobernador del Consejo de Castilla, Arias Mon, que en una carta fechada el 3 de mayo reprendió severamente al corregidor alcalaíno por “alamar” a la población y le ordenaba que mandara a todos los vecinos regresar a sus casas y ocupaciones, e incluso le daba permiso para emplear el destacamento militar de la ciudad por si hubiera que reprimir cualquier alboroto.

Mientras el gobernador redactaba esta carta, Madrid era un campo de batalla: miles de vecinos se enfrentaron a las bien pertrechadas tropas de Murat. Los combates callejeros fueron encarnizados y desiguales, a pesar de que algunas unidades del ejército español se sumaron al amotinamiento. En el parque de Artillería de Monteleón, los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde y el teniente Jacinto Ruiz hostigaron valerosamente a los franceses. A ellos se les honra como miembros destacados de la nómina de héroes del Dos de Mayo y en Alcalá se les recuerda con céntricas calles.

El mismo 2 de mayo Murat firmó un bando en el que establecía el estado de sitio en Madrid y en todos los municipios de alrededores, so pena de castigo. “Todo corrillo que pase de ocho personas, se reputará reunión de sediciosos, y se disipará a fusilazos", declaraba Murat que, entre otras amenazas, mandaba incendiar “toda villa o aldea donde sea asesinado un francés".

En tales circunstancias, y para evitar más derramamiento de sangre, lo prudente era dar marcha atrás. El corregidor De Quadro recibió la carta del gobernador y también el tenebroso bando de Murat. Y el 5 de mayo envió a los pueblos de la comarca la contraorden a lo solicitado tres días antes. En una misiva muy breve, De Quadro avisaba de las “funestas consecuencias" si se desobedecía al invasor.

Se enfrió así el furor contra el francés encendido el 2 de mayo en Alcalá, quedando apagado del todo solo un mes después, cuando una columna francesa hizo su entrada en la ciudad y requisó todas las armas. Semanas más tarde, tras toda clase de destrozos y saqueos en la ciudad, las fuerzas de Napoleón establecieron un cuartel en el palacio Arzobispal.A partir de entonces, tuvo que pasar un lustro para que nuestros antepasados se libraran de los franceses para siempre.

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