Detroit está más cerca de lo que creemos

Una próspera y segura ciudad donde florecen los negocios, y donde llegado un punto, unas élites económicas creen que se pueden maximizar aun más los beneficios mediante la introducción masiva de mano de obra barata foránea. Para fomentar este shock poblacional (un movimiento de masas),  se inicia un agresivo proceso de viviendas públicas para insertar población marginal, acompañado de un intenso programa de ayudas sociales destinadas a este tipo de nuevos pobladores, y como guinda de este proceso, la movilización y reubicación forzosa de alumnos foráneos (en su mayoría conflictivos) hacia los colegios públicos de los habitantes de la ciudad de toda la vida.

El proceso se enmarca dentro de la dictadura mediática de lo políticamente correcto, en un contexto social en el que se conceden grandes privilegios, poder, y autonomía a la casta político-sindical, logrando así de este modo su sumisión y necesaria cooperación en este proceso, y acallar cualquier atisbo de protesta. Esta casta utiliza estos nuevos poderes, y se aprovecha de la laxitud normativa, para iniciar un proceso de gasto público, y sobrecapacidad de infraestructuras a costa de las arcas públicas.

Los vecinos “primigenios”, que llevaban habitando la ciudad hasta entonces, inician un silencioso éxodo de huida (eso que se denomina asépticamente segundo ciclo de la vivienda, y en los países anglosajones “white flight”), a la par que las condiciones de sus antiguos barrios se van degradando dramáticamente.

Se trata de un proceso en su conjunto que es exponencial, donde una vez consolidada la dinámica migratoria, se hace cada vez más intenso y virulento.

Un buen día, ese sector productivo, intensivo en mano de obra, que ha crecido al calor de las burbujas crediticias, cae repentinamente, y el castillo de naipes se viene abajo, dejando como resultado el caos.

Esto que perfectamente podría ser la crónica de lo sucedido en Alcalá, el Corredor del Henares, en Madrid, o en muchos lugares de España, es lo que ha sucedido en Detroit. El resultado lo podemos apreciar bastante bien en internet: una ciudad post-apocalíptica, con aspecto de ciudad soviética siberiana abandonada, donde prima la ley del más fuerte, y donde las bandas étnicas son más fuertes que las fuerzas del orden, más al estilo de cualquier ciudad de África central que de una ciudad de Norteamérica.

Los paralelismos deberían hacer reflexionar a nuestros gobernantes sobre la necesaria implicación activa en el modelo de ciudad o región que se crea, y las derivaciones que tiene sobre su desarrollo socio-económico posterior.  

Llevamos denunciando desde los albores del año 2000 esta situación de abandono y dejadez institucional por parte de los políticos del sistema, que se acentúa ahora con los procesos de deslocalización industrial, y colonización asiática del comercio de proximidad. Es por tanto el momento de nuevas opciones políticas, ajenas a la partitocracia, y centradas en atender prioritariamente las necesidades de los trabajadores, autónomos, y PYMEs españolas.

Jesús Domínguez

3 comentarios :

  1. Si hasta lo que pasa en Detroit ya está empezando a pasar aquí: Casinos y casas de empeño para exprimir a los que se quedan, ya que como están tán desesperados, se gastan todo lo que tienen en juego y cosas así.
    Veréis cuando nos pongan el Eurovegas. Ya tenemos el Compro Oro, en todas las esquinas hay uno, y ya está la gente como loca empeñando y pidiendo préstamos con lo poco que tiene. Lo siguiente, que la gente se vaya en manada a Alcorcón a gastarselo todo en la ruleta.
    Mientras efectivamente, como decís, nuestros políticos, los que nos goviernan, nos han dejado en la puta estacada

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  2. Todos los que les gusta el rollo multicultural y pro-inmigracion, los invito a que se vayan a Detroit a vivir en lo que es una ciudad como si hubiera caido una bomba nuclear, tipo Mad Max

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  3. Hay un programa en la TV muy instructivo sobre lo que pasa en Detroit que se llama Empeños a la Bestia o algo así, de una familia de usureros que tienen asfisiados a la gente desgraciada que está sin un duro, y que con lo poco que les dán, se lo funden en juego y mala vida

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