El señor concejal y su escoba

Cuando vi en estas páginas la imagen del concejal Rafael Ripoll, a pie de calle, escoba en mano, limpiando y enmendando desidias municipales; quedé gratamente impresionado. Quizás ello sea una muestra del mal de fondo que nos aqueja, ya que no debiera sorprender el hecho de que un servidor público ejerza como tal, incluso con su trabajo físico si es necesario y, sobre todo, dando ejemplo y transmitiendo un mensaje de entrega a favor de la comunidad. Ya sé que habrá quien lo tache de gesto populista o directamente demagógico, pero si esa valoración viniera desde cualquiera de los grupos municipales, les invitaría a que imitaran esa actitud con la misma unanimidad que les llevó a no considerar y votar en contra cualquier iniciativa que presentara España2000, por cierto, demostrando gran torpeza política y desprecio hacia los miles de alcalaínos que depositaron su confianza en esa formación. Y es que esos son los gestos que los ciudadanos queremos ver en nuestros representantes, además resulta reconfortante, sobre todo cuando estamos hartos de padecer conductas poco ejemplares, por decir algo suave, entre cargos públicos de los partidos llamados tradicionales, en organizaciones y hasta en las altas instituciones del estado.

Tras la decepción de supuestos vientos frescos que lo único que nos han traído son efluvios que, no por resultarnos familiares dejan de ser hediondos; solo queda fiarnos de las obras que son amores frente a las pomposas razones esgrimidas por quienes quieren hacer de la poltrona algo vitalicio, perpetuando en la institución sueldos y desdichas. Por eso la incomodidad que para algunos representa el concejal y su escoba, puede ser la metáfora de lo que viene haciendo falta, a la vez que salen a relucir filosofías antagónicas: Por un lado la comodidad de tirar de presupuesto y mandar poner una bandera en una rotonda una vez que el fervor deportivo-popular le dota a la medida de suficiente dosis de corrección política. Por otro, la incomodidad de subir la bandera y el mástil a lo más alto de la ciudad tras una caminata, incluso cuando les increpaban muchos de los que luego exhibieron la rojigualda con entusiasmo, eso sí, más por borreguismo que por patriotismo.

Por todo ello, mucho me temo que el gesto y la actitud no van a ser muy imitados, entre otras cosas porque han tenido tiempo para ello y a estas alturas sería mera impostura.

En cualquier caso y pese a todo, albergo alguna esperanza de que al final sea algo normal que un cargo político demuestre actitud, diligencia e iniciativa, sobre todo si los ciudadanos sabemos premiarlo en las urnas. Eso sí, a algunos les resultará muy complicado cambiar la moqueta y el canapé por el asfalto y la escoba o ir abandonando las prebendas y oropeles que cada vez están peor vistas, sobre todo tras ese derroche de fastos y gastos, causantes de la insoportable deuda municipal, que atenaza las expectativas de esta ciudad. Por el contrario parece que lo fácil es seguir aferrado a antiguos privilegios, comportarse como un hortera gastando dinero público en comilonas, o poner etiquetas a tu adversario político para evitar entrar a debatir y solucionar problemas como el de esas señoras que compartieron escoba  y fregona con el concejal al que, desde estas líneas animo a seguir barriendo porque, lamentablemente, hay muchas cosas que limpiar en Alcalá.

Jesús González Munilla
Extraído de: PUERTA DE MADRID

2 comentarios :

  1. Ánimo, es un gusto veros en la calle durante todo el año, a todos vosotros y a vuestros jóvenes, definitivamente parecéis los únicos con capacidad de plantar cara a la clase política, darles duro.

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  2. Os conozco por mis hijos , y siempre me lo han dicho claro : SON PATRIOTAS Y VALIENTES PAPÁ .

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