Diario de Alcalá: Policías de paisano en Alcalá

El Ayuntamiento ha adoptado dos decisiones operativas en los últimos días que, no por evidentes, tienen menos valía: de un lado, servirse de policías municipales de paisano para patrullar las calles y poder controlar la variopinta gama de excesos que determinados vecinos cometen cuando creen que nadie les ve. Y, de otro, completar las advertencias a Valoriza (la contrata de limpieza) con planes de choque en barrios y puntos de la ciudad especialmente degradados.

Son dos medidas adoptadas personalmente por el alcalde, Javier Bello, que demuestran algo: para gobernar y que se note, a menudo no hacen falta ni mayorías ni grandes mociones ni planes rimbombantes y, ni siquiera, demasiado presupuesto extra. Simplemente es necesario tener la voluntad y utilizar los recursos existentes.

De ello da cuenta no sólo el impulso ejecutivo de Bello, sino también el trabajo de calle del único concejal del Grupo Mixto, Rafael Ripoll, estigmatizado por su pertenencia a España 2000 y, paradójicamente, autor de algunas de las mociones menos políticas y más ciudadanas de cuantas se presentan en el pleno, a menudo convertido en una mala copia de las cuitas políticas de los partidos nacionales, irrelevantes a efectos prácticos e insuficientes para justificar los generosos salarios atribuidos a la oposición. Este episodio, en fin, es una buena moraleja sobre la eficacia y el trabajo que, si quieren, los 27 ediles del Ayuntamiento pueden ofrecer a sus ciudadanos: basta con escucharles, pisar las mismas calles que ellos y, a continuación, obrar en consecuencia con sentido común.

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