La verdad sobre las Juntas de Distrito

El pasado 30 de enero, en cada una de las salas de las Juntas Municipales de Distrito, con el decorado del partidismo barato, los vocales de UPyD, IU y PSOE, actuando de secundarios los representantes de las asociaciones y entidades por ellos controladas, intentaron representar un gran drama y todo quedó en una insulsa tragedia pantomímica, porque los hados les condujeron irremediablemente hacia el electoralismo barato y sobreactuado. Hicieron mutis, fuéronse con gesto digno como si las estructuras políticas municipales se fuesen a agrietar, y no hubo nada. Y no sucedió nada porque nada hay tampoco cuando se quedan, y por eso al PP en el poder le trae al pairo que hagan una cosa u otra, ya que la función forma parte de un guión caduco, aunque aceptado por todos ellos. Es el libreto de la partitocracia.

En el gran teatro de la partitocracia los papeles no son vitalicios, sino que se van intercambiando los roles según el interés del momento y para dar apariencia de alternancia democrática, cuando lo que se pretende es el relevo en las prebendas del poder. Este fin último da lugar a encamamientos sorprendentes, como el acuerdo a cuatro (PP, PSOE, IU y UPyD) para enviar al ostracismo a España2000 por temor a que aparezcan nuevos actores no sometidos a su férula, o bien producen fricciones que desembocan en agrios enfrentamientos (véanse los amores y desamores cruzados y cambiantes de UPyD con los otros tres partidos). El episodio teatralizado del boicot a los “plenillos” de las Juntas Municipales es el resultado de esas luchas partidistas, avivadas por la impaciencia y el nerviosismo ante las ya cercanas elecciones europeas y las no lejanas municipales. Todo ello ha conducido a disparatadas incongruencias, a alianzas contra natura y a abruptas rupturas que sólo siguen la lógica del egoísmo partidista, y a las que nada tiene que agradecer el interés general.

Los protagonistas del boicot lo justifican por el incumplimiento, por parte del Partido Popular, de muchas de las mociones aprobadas en los “plenillos” de las juntas ¿Sucede esto porque el PP las menosprecie? Decididamente no, pero también tiene una importante responsabilidad en lo sucedido. Desde el principio, al igual que todos los demás, sabían que las decisiones de los “plenillos” no tenían fuerza jurídica, sino que son mera manifestación de voluntad política. El PP estaba dispuesto a cumplir las propuestas aprobadas, ya que era una forma de mantener contentas a las asociaciones al tiempo que embridaba sus reivindicaciones, es decir, era una manera de domesticarlas y mantener tranquilo ese flanco de oposición. Ahora bien, la incapacidad de los gestores municipales del PP, en algunos casos frisando con la inepcia, ha causado una deuda de unos 300 millones de euros y una sequía financiera, con los consiguientes recortes, que les impide cumplir con sus deseos, que también son sus intereses. En esa tesitura todo su tinglado se ha venido abajo y las expectativas de paz social en los distritos se han derrumbado.

Llegados a este punto es necesario explicar someramente en qué consisten las Juntas Municipales de Distrito. Estos órganos descentralizados de gobierno y administración municipales tienen su base jurídica en la Ley de Grandes Ciudades, a la que se acogió Alcalá en 2004, aunque el desarrollo de de la participación ciudadana y de las juntas se finalizó con el reglamento de 2009. Al frente de cada junta hay un Concejal-Presidente y un Vicepresidente. En ellas están representados los partidos políticos, que han conseguido concejalías en las elecciones municipales, con relación a su representatividad, sumando un total de 8 vocales (actualmente 3 del PP, 2 del PSOE, 1 de UPyD, 1 de IU y 1 de España2000), repartiéndose otros 6 entre asociaciones y entidades ciudadanas. Estos 16 representantes se constituyen mensualmente en comisión y bimestralmente en pleno, debatiéndose en éste las dos propuestas que pueden presentar. No es necesario extenderse mucho para hacer comprender que esta estructura, multiplicada por 5, y todo el gasto que conlleva, es excesiva para una ciudad como Alcalá. Pero todavía es más escandaloso observar los edificios que se han habilitado o, en algunos casos, como en los distritos II y IV, construido ex profeso.

Es interesante conocer cómo actuaron los diferentes partidos ante la implantación de este sistema de organización por distritos. Cuando en el año 2011 se suscitó la cuestión de la modificación del Reglamento de Participación Ciudadana del 2009, se produjo una denodada lucha. Las asociaciones de vecinos, la inmensa mayoría en la órbita de la izquierda, y con apoyo de los partidos de ese arco ideológico, pugnaban por conseguir mayor influencia en las juntas y restar poder al PP, y éste intentaba dar la impresión de que se incluía a los vecinos en la gestión del distrito y en la resolución de sus problemas. Entonces apareció una voz disidente, y fue la de España2000, que ya apuntó que las juntas eran un mero instrumento de entretenimiento y de componenda política, además de un gasto desproporcionado e innecesario, pero nadie escuchó sus razones. Más tarde, cuando el 15 de mayo de 2012 se aprobó el ya citado Reglamento, con todos los votos a favor menos el de España2000, que votó en contra, se desencadenó una especie de euforia y todos estaban muy contentos porque, al parecer, habían conseguido una joya legislativa. Poco después se produjo un cansancio o desencanto con aquello que habían creado, como si la rutina se hubiese apoderado de ellos, y, más recientemente, parecen haber descubierto que las juntas no son útiles y han decidido boicotearlas. Todos juntos parecieron ser los inventores de la participación ciudadana y ahora la bloquean por inservible. Tamaña incongruencia movería a risa si no fuese lamentable.

Lo curioso de todo esto es que determinadas asociaciones de vecinos, que se presentan como defensoras a ultranza de la democracia y de la participación, quieren subvertir todo el sistema, pues, sin presentarse a ninguna elección, sin haber conseguido ni un voto en unos comicios en igualdad de condiciones con los que sí participan, pretenden ser las que controlen el poder y los presupuestos en las juntas, por eso ahora exigen un nuevo reglamento que aumente aún más su influencia. Semejante osadía la tildarían con los epítetos más salvajes si la propusieran otros que no comulguen con su doctrina ideológica. Son tan osados que, incluso, se permiten bloquear a quien sí ha concurrido limpiamente a las elecciones y ha conseguido representación en justa lid, como es el caso de España2000. Parece que a algunos les gustaría suprimir las elecciones y nombrar ellos mismos a los representantes políticos ¿No es eso lo que sucede en Cuba y en China con los resultados que todos conocemos?

Es manifiesta la necesidad de una reforma profunda de la organización municipal en los distritos, adelgazándola para reducir el gran gasto, en realidad inasumible, que supone para las arcas del Ayuntamiento. La descentralización administrativa puede ser mantenida, porque sí es útil al vecino y no debe suponer un gasto importante, porque lo que allí se gestiona, de no hacerse así, debería ser diligenciado en las oficinas centrales. Al mismo tiempo, los imponentes edificios construidos para las juntas deberán ser aprovechados al máximo para otros fines, además de albergar esas oficinas distritales, manteniéndolos en la máxima ocupación y orientando todo ello al ahorro de gasto. También debe ser reducida su elefantiásica estructura tomando las decisiones necesarias, por muy drásticas que éstas lleguen a ser, para simplificar su funcionamiento eliminando los “plenillos” y dejando únicamente una comisión, donde las asociaciones y entidades tengan participación y puedan exponer sus propuestas y efectuar sus quejas, pero manteniendo la decisión última en manos de quienes hayan conseguido el gobierno municipal en las correspondientes elecciones.

Manuel Montes Rodríguez

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