Cervantes hoy, se caería de la silla



De la mejor novela de la historia, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha y de las palabras que su autor, Miguel de Cervantes, podemos extraer algunas pinceladas de la persona que era a través de los personajes de la obra, Cervantes, era un buen castellano y un buen cristiano (algo muy valorado en su tiempo y que simbolizaba las mejores virtudes y actitudes de la época).

Si Cervantes paseara ahora mismo por las calles de Alcalá, se clavaría su virtuosa pluma en los ojos, para dejar de ver lo que parece una caricatura repleta de renegados, mezquitas, salteadores, ladrones y burlerías por doquier. Una cruda realidad la alcalaína y la española.

Cervantes trató de manera profunda temas como la amenaza del Islam, o de actualidad en aquel momento como la expulsión de los moriscos y las luchas contra los turcos y moros, atribuía a los musulmanes una conducta violenta y cruel, ya mencionaba en El Quijote que Argel era como el mismísimo infierno, a través de la hija del  morisco Ricote. En ningún caso se puede acusar a Cervantes de odiar a nadie, simplemente la pertenencia a una religión o a otra es sinónimo de convicción cultural y defensa de las tradiciones y modos de vida que en Europa pervivían, y que se veían amenazadas constantemente por las incursiones y ataques de las potencias otomanas y berberiscas.

Lo que muestra el autor es una gran compasión hacia la desgracia personal de cada uno de los desterrados moriscos, pero comprende que tener al enemigo en casa es contrario a toda lógica, si no hay voluntad de adaptación no se puede ser tan irresponsable como para mantener elementos que provocan inestabilidad política y social.

Del mismo modo, criticó las situaciones de abuso que ejercían los poderosos sobre los más débiles como se desprende de las palabras de Don Quijote a un labrador que golpeaba a uno de sus sirvientes para no pagarle los jornales que le debía, “por el Sol que nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza: pagadle luego sin más réplica”.

Teresa Panza, la mujer de Sancho exclama: “Con estas señoras me entierren a mí, y no con las hidalgas que en este pueblo se usan, que piensan que por ser hidalgas no las ha de tocar el viento, que no parece sino que tienen a deshonra el mirar a una labradora”. Esta denuncia que pone Cervantes en boca del personaje, trata de poner el dedo en algo como es la altivez de los poderosos y bien posicionados respecto a los trabajadores honrados cada vez más abandonados.

Un abogado de la cultura y de la tradición como es Cervantes, se caería de la silla viendo como negocios de kebab turcos, fruterías musulmanas y mercaderes de oriente inundan la ciudad. Frente al döner kebab se comería unos duelos y quebrantos, y Cervantes no escribiría con pluma de pollo chino teniendo pluma de ganso andaluz al alcance de la mano.

Como español bueno, Cervantes, defendería las tradiciones castellanas, su patria y su cultura, lucharía contra las injusticias, y sería el altavoz de los abandonados por los gobernantes,  y explotados por los señores tiránicos. ¿A quien apoyaría Cervantes?

 

Rafael Montalvo

España2000 Alcalá

1 comentario :

  1. ¡Excelente! Hoy día debemos emular las virtudes de Miguel de Cervantes y de sus personajes

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