Diario de la Reconquista de Alcalá

Era el día del último Pleno Municipal Ordinario. El concejal de España2000 Rafael Ripoll presentó tres mociones, a las que, como es costumbre, no les hicieron ni pajolero caso, ni tan siquiera se debatieron. Una de ellas fue la propuesta de la celebración en 2018 de la Reconquista de Alcalá. La soledad de su previsora formulación sonó como un bote rodado y hueco. Pero a uno no se le caen los anillos por agacharse a por un bote para darle forma. Al contrario.

A algunos, que están más pendientes de la evolución del ladrillo o del asfalto, o de las  matemáticas electorales que se avecinan, la propuesta de Ripoll les puede parecer sólo un ancestro, y en verdad que lo es. Pero es también una puesta en valor de la historia y una oportunidad para saber de dónde venimos, lo que estas tierras fueron, un celo por el pasado, por el legado que nos une y acrisola. Me temo que con Ripoll no tengan la cortesía que es normal en cualquier normal ambiente por causa de la política, que es fanática y cainita para con sus opositores.

Gracias a Ripoll, que nos ha refrescado la fecha con la misma naturalidad con la que la hemos recibido, hemos podido reproducir algunos detalles de aquel importante evento que va a cumplir los novecientos años. Alfonso VI conocía bien Toledo que habría de conquistar en 1085. Porque, muerto Al-Mamún, el rey moro que le agasajaba en la bella ciudad, no quiso mantener el pacto de amistad con el sucesor Al-Cadí, a quien expulsó de Toledo. Pero las tierras de Alcalá quedaban todavía ocupadas en la retaguardia, las cuales fueron tomadas en 1088. Pero nos referimos al burgo de Alcalá, porque el alcázar de Alcalá la Vieja se resistía desde su estratégica altura, no pudiendo ser conquistada hasta 1118. Fue tomada por las tropas reales capitaneadas por el Arzobispo Don Bernardo, quien asistió personalmente el asedio y rendición. Era Don Bernardo el primer arzobispo de Toledo después de la reconquista, quien había sido cluniacense francés y abad de Sahugún, y alternaba –costumbre de la época- el uso de la espada con el báculo.

Cuenta la historia que aquella victoria cristiana sobre la musulmana estuvo significada por la intervención  de la Cruz que destacó luminosa sobre el monte de su nombre, el de la Vera Cruz, un milagroso día 3 de mayo.

Fue así como comenzó la historia grande de Alcalá y del Alfoz de sus veinticinco villas. Fue así, como consecuencia de la victoria arzobispal, que el rey donó a la mitra de Toledo el Señorío de Alcalá. Ahí comenzó los siete fecundos siglos de unión tolentina (1118-1885). De ahí vino lo del patrimonio y lo de la Universidad, y la Magistral y el palacio, y el Siglo de Oro, y la picaresca, y sus alumnos que fueron santos, y la imprenta, y la Reina Católica, y hasta las cigüeñas y las almendras. Todo, menos Justo y Pastor y Cervantes.

En estos tiempos de historiadores progres que quieren borrar el mito de la Reconquista, como si los siglos de sus castillos no existieran a lo largo de la larga epidermis  de su gruesa piel de toro, el refresco de la mente, traído por Ripoll, es otro aliciente que hemos de agradecer. Ahora agradecemos el relato del fasto que nos ocupa al historiador alcalaíno Miguel de Portilla y Esquivel, quien tiene en su patria  plaza  ocupada y calle antigua:

La conquista de esta Fortaleza reservó dios al Santo Primado Arzobispo Don Bernardo, Francés de nación, Español de afecto, Benedictino en hábito y profesión. Corría el año de mil e ciento  e diez y ocho; y era Reina de Castilla y León Doña Urraca, hija de Don Alfonso Sexto, madre del Séptimo… conservaba en su tiempo las señas de una bastida de donde se asentaron lostrabucos y otrosingenios que entonces avía para tirar grandes piedras;… Don Bernard, que ya viene marchando con su Exército para conquistar de Moros a Alcalá la Vieja,… Sentó sus reales en aquel cerro que Morales nos dixo; y como desde él se asestaron las vaterías contra Alcalá la Vieja; y es evidente no ser este cerro muy alto, y más apartado de Alcalá la Vieja, llamado de la Vera Cruz, pues ni con instrumentos de pólvora se podía hacer operación desde allí en este Castillo…; subidos en el Pico mal Vecino, desde el qual levantó al Cielo los ojos el Santo Arzobispo Bernardo, ázia el parage de mano derecha, sobre la altura del Vera Cruz, miró, y vió (¡qué dulce prodigio!) una Cruz rodeada de resplandores… Allí fue el ánimo de los Christianos, allí  el asombro de los Moros…
(Historia Compluto,I, 103)

José César Álvarez

Fuente: PUERTA DE MADRID

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