3 de mayo de 1118, patrimonio e identidad


Mantener nuestras costumbres y tradiciones, todo eso que conforma la identidad de un pueblo y otras cosas más, debería ser una constante y algo fundamental para nuestros gobernantes. El conocimiento de los hitos históricos de nuestra ciudad y su conmemoración son actividades que desde el Ayuntamiento deben promoverse. Por una sencilla y práctica razón, la forma de involucrar a la sociedad en la promoción y defensa del patrimonio es dar la posibilidad de que conozcamos aquello que nos rodea, su porqué, sintiéndolo como propio. Vemos cada cierto tiempo ataques salvajes a nuestro patrimonio local como los sufridos por la estatua, por ejemplo, del Cardenal Cisneros en la misma plaza de San Diego. La cual es habitualmente ultrajada, pintada, machacada, como gracia de moda que entre algún sector de la juventud más idiotizada, que ha enganchado con fuerza. Probablemente, se respetaría este pétreo símbolo, si la figura del fundador de la universidad y de la Civitas Dei, base fundamental de lo que hoy es Alcalá, si entre los jóvenes se conociera algo más de su historia.

Reconstruir el sentimiento de identificación con nuestro pasado debe ser una prioridad para una ciudad como Alcalá de Henares, que corre el riesgo de diluir entre las modas urbanas las ricas tradiciones y costumbres propias del pueblo alcalaíno, formadas por la cultura castellana y por los aportes de las personas de diferentes regiones que se desplazaron a Alcalá. Prueba de ello, es el tremendo arraigo de las casas regionales, quienes aportan a la ciudad actividades lúdicas y culturales, así como la posibilidad de disfrutar de las tradiciones y gastronomía del solar hispano.

Una fecha, el 3 de mayo de 1118, determinante para el desarrollo de Alcalá, punto de partida para el crecimiento económico y poblacional. Aquel día, se encontraban las tropas cristianas hostigando desde el cerro del Malvecino el emplazamiento militar del moro, la fortaleza de Alcalá la Vieja; cuenta la tradición que sobre la cima del Ecce Homo, una cruz aparece iluminada con fuego. Este hecho refuerza la moral de los cristianos y aterroriza a los asediados, haciendo posible la conquista de la plaza de Alcalá la Vieja como narró Ambrosio de Morales en el siglo XVI.

El Arzobispo Bernardo de Sedirac, vino con su ejército a cercarlo, Mas no pudiendo el Arzobispo, como allí se dice, conquistar el castillo por ser tan fuerte, el Rey Don Alonso vino sobre él, e hizo una bastida, como medio fortaleza en otro cerro frontero del castillo; y desde allí lo comenzó a batir con los trabucos y otros ingenios que entonces había para tirar grandes piedras que rompiesen  y derribasen los muros. De este fuerte, se mantienen los fundamentos en aquel cerro. Y espanta cierto, según está lejos por el valle de en medio, como podían tener ímpetu y fuerza los ingenios para tierra al muro, y romperlo desde allí. Y fue tanta la rapidez con la que sucedió y el efecto del tirar, que no pudiéndolo los Moros aguantar, abandonaron el castillo, y huyendo ellos por la parte contraria de donde el Rey estaba. El rey Don Alonso, centró las fuerzas y se apoderó de la fortaleza. [1]

Hechos como este, hicieron posible la victoria de una resistencia  que, durante más de 700 años, combatió por recuperar su libertad e identidad y forjó una gran nación, España. Una sociedad no avanza por mucho tiempo, si desconoce de dónde viene, porque su rumbo errante hacia el futuro hace que se pierda y se diluya, o que perezca por los ataques externos y la pérdida de memoria.  

Mantengamos fresco este dato: el 3 de mayo de 1118, Bernardo de Sedirac libera, definitivamente Alcalá. Ya contaremos más. 


[1] Ambrosio de Morales: Opúsculos castellanos “Crónica general de España”. Conservado en la Real Biblioteca del Monasterio del Escorial, escrito en el siglo XVI, publicado en 1793. 

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